SARAVIA FRIAS

AFA (no, así no)

· Bernardo Saravia Frías

La pantomima fue uno de los géneros escénicos más destacados del imperio romano. En el anfiteatro, gladiadores emulaban batallas decisivas para deleite del pueblo, que disimulaba el espanto de muerte y sangre real con la representación ficcional del evento. El concepto degeneró hasta denotar hoy copia deformada de la realidad. El fútbol en Argentina engloba penosamente pasado y presente: toda una pantomima.

Lo de la Asociación de Fútbol Argentino es un escándalo con una larga historia. Puede remontarse hasta la complicidad con la dictadura militar en el 78 y seguir, con tejes y manejes de alcance nacional y mundial: ascensos y descensos amañados a partir de reglas y campeonatos para cuya comprensión se necesita un doctorado, hasta complicidades comprobadas por investigaciones en Estados Unidos que llegaron hasta la FIFA.

El esquema que lo permite es un entramado de complicidades que aseguran el silencio y la continuidad. Favores y venganzas contra dirigentes y clubes que osan levantar la voz. Incluye jueces de la Nación en tribunales de disciplina internos, que desalientan reclamos en la justicia con la sola ostentación de sus cargos. El enorme logro deportivo de un mundial de fútbol esconde trapisondas que son tan obvias que avergüenzan: partidos en destinos exóticos, barras bravas avalados en su impunidad (viajes a mundiales y violencia) y campeonatos locales con cartas marcadas.

Vale la pena encuadrar el asunto jurídicamente, para entender mejor qué se puede hacer. Vamos por partes. El deporte es de interés público. Es éste un concepto elástico, que impulsa que toda norma, decisión o autoridad debe orientarse al bien común. El fútbol, como deporte popular por excelencia, es de interés público. Huelgan las explicaciones: es un eje central en la vida pública, en todos los ámbitos y estratos sociales.

Lo maneja una asociación civil sin fines de lucro. Un puñado de dirigentes que rinden cuentas a unos pocos designados por ellos a dedo, que es lo mismo que rendir cuentas a nadie. El principal vínculo con el orden jurídico estatal en su funcionamiento interno es la Inspección General de Justicia, que tiene facultad de fiscalizarla formal como cualquier entidad sin fines de lucro. No puede intervenirla, pero si requerir al Ministerio de Justicia de la Nación que lo haga cuando sea “necesario en resguardo del interés público”.

Se pueden sumar cuanto menos dos causales: actos graves que importen violación a la ley e irregularidades no subsanables. Pero hay un obstáculo, que tiene un antecedente: en el 2016, ante un estado de desaguisado interno parecido, el gobierno nacional intervino la AFA. La FIFA reaccionó inmediatamente alegando que las federaciones nacionales deben ser autónomas y libres de injerencia gubernamental, bloqueando la intervención con la designación de un comité regularización. El antecedente indica que para ser eficaz y no poner en riesgo el normal desarrollo del fútbol argentino, especialmente en competencias internacionales, se requiere cuanto menos una solución integrada con la FIFA.

27 de noviembre de 2025

27 de noviembre de 2025

El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.

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