SARAVIA FRIAS

Ay Jujuy

· Bernardo Saravia Frías

La Argentina está empezando a ser atravesada por un peligroso vector de desintegración social. Lo grave no es tanto el voto en blanco o la abstención, más propio de análisis electorales apresurados, porque hasta acá se trata de elecciones primarias o netamente provinciales. Lo grave en serio es otra cosa.

Ortega y Gasset desarrolló dos conceptos que describieron mejor que nadie la España de su tiempo, y describen mejor que nadie la Argentina del presente: particularismo y acción directa.

El particularismo es una ilusión intelectual que pretende que el otro no existe o no merece existir. Desde esa idea, de creer que una parte representa o constituye la voluntad general, el acuerdo con el otro de una Nación es simplemente inaceptable. Esto implica que la voluntad general no se construye a través de la acción legal, esa larga ruta institucional que significa consagrar la legalidad a partir de convencer al otro.

La acción directa es una derivación del particularismo. Cuando el sistema institucional impone tantos rodeos, tantos previos y autorizaciones, pues qué mejor que ir al grano y tomar el toro por las astas, imponiendo lo que esa visión sectaria considera que está bien, y apoderarse de lo que cree que es suyo.

Particularismo y acción directa son el marco conceptual de los populismos ante el vértigo del llano. Que no quepan dudas, estamos en el preludio de lo que fue, es y será el accionar del oficialismo que se apresta a ser oposición. Pueden estar en desacuerdo en nimias reglas electorales, pero a la hora de la verdad, como ésta, todos están de acuerdo, muy de acuerdo, y nadie saca los pies del plato. Fueron los piquetes en 2001, las piedras al Congreso en el 2017 y ahora la toma de la Bastilla en Jujuy.

Y es aquí donde yerran, porque presumen mal, que el estado de derecho es un concepto estático y esencialmente pasivo, cuando en rigor es todo lo contrario: es dinámica pura, que ordena desde la ley y su correlato, la fuerza. Partiendo de un principio elemental a estos fines, contenido en el artículo primero y pétreo, que manda que nuestro sistema es representativo, además de republicano y federal. Esto significa algo muy simple: nadie es dueño de la realidad política y todo, absolutamente todo, debe estar sometido al sendero que marcan las instituciones que nos representan.

Y contra todas las críticas, hay que reconocer que la oposición que aspira al poder, ha demostrado una vez más algo extremadamente importante: su acuerdo en derredor del concepto de estado de derecho, sin matices, y desde sus dos caras: ley y fuerza.

El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.