Banco Central de la Alta Edad Media (BCAEM)
· Bernardo Saravia Frías
El Aleph es un gran cuento de Borges, de los mejores. Refiere a un punto del universo que contiene todos los puntos, que se pueden ver al mismo tiempo y de una vez. Una vieja idea de la simultaneidad griega, donde todo ocurre sin sucesión cronológica. Borges anticipó magníficamente a Google, Instagram y TikTok; también a la Argentina de las políticas populistas venidas a menos de nuestros días.
Hay tiempos que son para estadistas, en los que se debe arriesgar e improvisar porque es la única manera de torcer un destino de fatalidad cantada. Pero eso no es para cualquiera: improvisar no es para improvisados; más, el estadista crea, no improvisa, porque actúa en los hombros de experiencias de gigantes que lo precedieron. No es magia.
Una vez más enfrentamos una crisis en la que se combina un doble juego de desafíos: endógenos y exógenos. Problemas estructurales irresueltos, tan fáciles de diagnosticar y tan difíciles de resolver por la inmensa cantidad de intereses, desde sindicalistas venales hasta burócratas profesionales que sólo pueden vivir del Estado; y otros externos, que obedecen a un acontecimiento sin precedentes contemporáneos, que ha alterado las bases del mundo en el que vivíamos. E hicimos todo mal y seguimos haciendo todo mal. El último botón de muestra es la norma del Banco Central que prohíbe la compra en cuotas.
Es como estar en el Aleph borgeano en el que se puede ver en simultáneo como empieza y cómo termina. Es obvio, tan obvio que emitir descontroladamente para ganar una elección termina en una inflación rampante y sin reservas. Casi como estar debajo del manzano de Newton, viendo caer el fruto y discutiendo la ley de gravedad. Ese es el nivel de estulticia que nos ha llevado a poner en cuestión el valor del tiempo en finanzas (las cuotas y el interés), como si estuviéramos en un diálogo escolástico medieval.
Mientras seguimos discutiendo la ontología de la derrota en una elección y la bondad o maldad intrínseca del Fondo Monetario Internacional, nos quedamos sin reservas. Literalmente. Y tapando el sol con la mano, queremos detener la rotación de la tierra. Ni la cultura ni la imaginación de Borges pudieron tanto.
El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.