Edesur. La inversión de Baglini
· Bernardo Saravia Frías
La madurez política de una sociedad se ve más que nada en el tiempo electoral, cuando se discute el cambio. Es de conflicto, de dialéctica encendida, que sólo se resuelve cuando habla la urna.
Pero sobre todo es un tiempo que exige disciplina moral y fiscal a los gobernantes, porque la tentación de buscar la supervivencia a cualquier costo se acentúa, y con ello el riesgo de hipotecar el próximo período. Acá el nudo del asunto: otra vez presenciamos una de las notas salientes del partido en el poder en tiempo de descuento, esa tendencia al desequilibrio fiscal y jurídico, a los excesos del poder en el Estado. La inversión del “teorema de Baglini”.
Empezó a tomar forma con los miles de nombramientos en planta permanente; siguió con los favores sectoriales en el “megacanje” de deuda, y continúa ahora con “la intervención” a la empresa Edesur. A toda marcha, se va a acumulando el inventario de pasivos de la herencia para el próximo gobierno y para la sociedad argentina. Plan platita para hoy, hambre para mañana.
Se anunció ayer la “intervención” de la empresa. Basta leer la resolución del ente regulador (ENRE) para caer en la cuenta que no se dispuso nada, o en todo caso un mamarracho que evidencia los propios errores e impericia. Porque simplemente se nombró un veedor, para que realice un informe y lo eleve a las autoridades. Ya había un auditor para revisar el pasado, y ahora un veedor para controlar el futuro. Sería un anuncio absurdo: “de ahora en más voy a hacer mi trabajo”. Primer reconocimiento: supervisaron poco y nada.
Y no queda más que preguntarse sobre la temporalidad y las consecuencias de la medida. Todo responde a la encerrona creada por el propio gobierno. Lo lógico de una medida estatal extrema sería la rescisión del contrato de concesión con causa. El problema (enorme) es que indagar sobre la causa lleva indefectiblemente a que la desinversión es consecuencia del esquema de subsidios y la falta de condiciones macroeconómicas. Segundo reconocimiento: quién apaga la luz no es tanto la empresa distribuidora como la acción imprudente del gobierno.
Como el presente está tejido de múltiples pasados, uno mira atrás y la lista de abusos es larga: las AFJP, Aysa, Aerolíneas, Ciccone, YPF, trenes y sigue. Y acá viene el tercer reconocimiento: costaron y siguen costando miles de millones de dólares. Por suerte algo aprendieron en esto de que las picardías tienen consecuencias que terminamos pagando todos. Por eso se quedan en una medida superflua, que anuncia una cosa que significa otra y que implica la nada misma.
La paradoja de la política es que es continuidad, pero también es cambio. Periodicidad se llama, que con el voto asegura que nadie se perpetúe en el poder. Hay muchos que no lo quieren entender y que insisten con eso de minar el camino al que viene. Aprendizaje para la oposición: toca acentuar más que nunca los controles en la víspera, porque ya vimos lo que significa aceptar una herencia sin beneficio de inventario.
El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.