SARAVIA FRIAS

El Otro León

· Bernardo Saravia Frías

Mirabeau es uno de los grandes protagonistas de la revolución francesa. Le decían el “león”, por sus dotes discursivas. Intuyó tanto lo bueno como lo malo del giro copernicano que significó ese momento icónico de la historia, y sintetizó su mirada en una frase: hay que resguardar a la sociedad de la subitaneidad del cambio. En todo tránsito de un régimen a otro, es el individuo la víctima principal de los virajes, y Mirabeau entendió mejor que nadie que el único resguardo es el sistema institucional.

En Argentina estamos en pleno proceso de cambio de régimen. Lo que no sabemos es si se limita a lo económico o si incluye lo institucional. Este es el meollo de la cuestión, porque define si el país va rumbo a una estabilidad duradera o a una nueva experiencia efímera dominada sólo por la economía, un aspecto necesario, pero no suficiente.

El proyecto de ley denominado “Ley de Bases” es un buen indicio, después de traspiés institucionales en los tres primeros meses de gobierno: una ley omnicomprensiva que terminó trunca; un DNU por ahora con similar destino, y una polémica designación para ocupar vacantes (y no vacantes) en la Corte Suprema.

Es auspicioso en su contenido y su construcción política. Pasamos de un potpurrí normativo en un esquema “todo o nada”, a una propuesta condensada y resultado de un diálogo con gobernadores y legisladores de otras fuerzas. Todo un aprendizaje que hay que destacar, por más que se mancille con furia verborrea en reportajes y redes, que desorienta a propios y extraños.

Tiene tres ejes: coyuntura, estructura y margen de acción. Para la coyuntura propone un blanqueo clásico de activos no declarados, con un impuesto como condición; lo acompaña de una moratoria de deudas impositivas, con perdón de intereses y multas. En cuanto a la estructura, plantea tres grandes cambios: una reforma a la ley de procedimientos administrativos, para agilizar el funcionamiento de la burocracia estatal; una nueva ley de defensa de la competencia, que debiera ser el eje de cualquier régimen que se precie de liberal, en un país en el que la concurrencia económica ha sido históricamente una quimera; y un régimen para nuevas inversiones productivas, a las que se les otorga estabilidad e incentivos fiscales y cambiarios. Por último, el proyecto declara la emergencia administrativa, económica, financiera y energética, y delega facultades al Poder Ejecutivo, para agrandar su margen de acción.

Ese es el corazón del proyecto. Aún en su versión achicada y remozada, aún con el diálogo político preliminar, todavía debe atravesar el diálogo en serio, ese que ordena el control institucional que significan las dos cámaras del Congreso. Una oportunidad para la empatía con el que piensa distinto, para corregir y agregar. Pero sobre todo para determinar si el cambio que propone el gobierno comprende al otro león, esa cara fundamental para un cambio de verdadera densidad futura y sin la que es imposible una estabilidad real y duradera: lo institucional, que contiene el poder y protege al individuo.

El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.