SARAVIA FRIAS

Espejismo artificial

· Bernardo Saravia Frías

Las instituciones no nacen ex nihilo (de la nada). Las que perduran y promueven el desarrollo, surgen de prácticas sociales que, con el tiempo, se transforman en costumbre y finalmente en ley. Lo opuesto, la pretensión de crear realidades mediante normas dictadas desde el poder, suele terminar en fracaso, por su ajenidad, su carácter ortopédico.

Sobran los ejemplos: desde el defensor del pueblo hasta el consejo de la magistratura. Viniendo más acá en el tiempo, la última expresión de un modelo de imposición es la reforma a la ley de sociedades. Se propugna que un ente mirífico (no una persona) como la inteligencia artificial, pueda ser accionista de una sociedad; en menos palabras, que pueda gozar del privilegio del límite de la responsabilidad.

Se cita como argumento histórico una de las primeras sociedades de responsabilidad limitada: la East Indian Company, creada allá por 1599, y que devino en un “Estado disfrazado de comerciante” (Edmund Burke), controlando más de la mitad del comercio mundial. Todo a partir de una historia de pillajes y abuso en la India, tan bien documentada por William Dalrymple (en su libro La Anarquía).

La historia es maestra de la vida para los que la conocen; para los que no, es destino de repetición catastrófica. La pregunta, casi ontológica, que emerge es ¿qué queremos ser como país? Cuando el mundo está discutiendo el concepto de soberanía a partir del poderío que significa ostentar el control sobre los desarrollos más avanzados de IA, la Argentina parece optar por convertirse en un laboratorio de apertura extrema a los usos y abusos (desconocidos) que todo esto puede significar.

Hablando claro, no solo es un error sino una pérdida de tiempo. Cuando se consideran instituciones que han logrado transformar auténticamente, lo primero que viene a la memoria es la convertibilidad. Es cierto que terminó siendo un corset que ahogó la economía hasta un estallido sin precedentes, pero sin dudas implicó un giro cultural, que corregida a tiempo podría haber tenido otro destino.

Hoy todos, oficialismo y oposición, encontraron una nueva vaca sagrada: el equilibrio fiscal. Corre el riesgo de terminar como la convertibilidad. ¿qué falta? Vamos con una idea: un fondo soberano. Hace mucho tiempo que Argentina no registra un superávit comercial como el actual, con una composición que, a diferencia del pasado reciente, no depende del precio de un solo commodity (soja) sino también de energía (petróleo y gas) y minería. Los tres ejes de una economía de enclave, que puede aprovechar como pocas veces las ventajas de un mundo convulso.

Muchos se están centrando en los efectos económicos de lo que se llama “enfermedad holandesa” o la “maldición de los recursos naturales”. Pero el problema no es sólo económico. Tal vez lo más importante la puja de distribución de poder y de la renta a que da lugar, entre Estado Nacional y provinciales (dueños de los recursos) y empresas, bien y mal avenidas (los especialistas en mercados regulados de siempre).

Los recursos no aseguran por sí el desarrollo, lo decisivo son las instituciones. Un fondo soberano con tres reglas: que abarque todos los ingresos de la energía y la minería; que sólo se pueda gastar un porcentaje de la rentabilidad esperada, en educación, salud e infraestructura; que se invierta en ciertos activos, de la mano de un consejo independiente.

Es otra mirada institucional y del poder. Se resuelven dos cuestiones centrales: la primera es el giro que significa para el contrato social la renta extractiva: cuenta menos el ciudadano (que paga impuestos y exige representación y control) y domina la empresa; la segunda es el federalismo de enclave, con una tensión entre región productora, Estado Nacional que redistribuye y región no productora que reclama participación.

Tenemos todo para hacer realidad un futuro promisorio. La abundancia de recursos puede ser una bendición o una condena. La diferencia no es la geología; tampoco la tecnología o las finanzas. El verdadero desafío es político e institucional.

El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.