Estado y parálisis
· Bernardo Saravia Frías
La palabra es el origen y fundamento de todo. Ya lo dice el Evangelio, primero fue el verbo… Esto es especialmente cierto para un gobierno, en el que su legitimidad depende del valor de su palabra.
Hay dos categorías: la hablada y la escrita. En ambos casos es menester el mayor cuidado por sus efectos en el orden jurídico y social. Para la escrita, que exterioriza por excelencia la palabra del Poder Ejecutivo (especialmente por decretos), los pruritos son todavía mayores. Es por eso que se debe fundamentar bien el porqué de las normas, y luego ser claros y concisos en lo que se conoce como parte resolutiva, que es la que ordena y manda.
Desde hace veinte años que la palabra escrita de los gobiernos nacionales viene en decadencia. En esa manía absurda de reinventar todo, se impuso un ciclo normativo de abuso y desviación, en el que los fundamentos son largos circunloquios que no dicen nada o, lo que es peor, lo indebido. Y la parte resolutiva suele ser confusa y mal escrita. Empezó con las barbaridades pesificadoras, pasó por la ola expropiadora, y la caída libre llega hasta hoy.
Alcanzó la apoteosis del ridículo en el día de ayer, con un decreto que declaró feriado para que “el pueblo pueda expresar su alegría” por el campeonato mundial de fútbol que ganó nuestra selección, la de todos. Por donde se lo mire es el ejemplo del ridículo jurídico y de lo que no se debe hacer. Un ejemplo para facultad de derecho, que enseñe todo lo que no corresponde en derecho administrativo.
Sin dudas es inconstitucional y sin dudas hacen bien varios gobernadores en oponerse. Pero ese, a esta altura, es un problema menor. Lo grave es el proceso acelerado de deslegitimación, por la devaluación de la palabra gubernamental. Este decreto es un tocar fondo, es un reflejo descarnado del no saber qué hacer y, ante la duda, dicto una norma infundada, sinsentido e inconstitucional. En un decreto, un catálogo de desviaciones de poder.
Estado y parálisis. Así llamaba Ortega a uno de los peores vicios del ejercicio del poder. Un gobierno debe poner a una sociedad en funcionamiento, debe favorecer, a través del Estado, la dinámica y la acción, base del progreso. El pueblo expresará su alegría por un enorme logro deportivo; esperemos que el Estado no siga paralizando con asuetos y feriados.
El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.