SARAVIA FRIAS

Gobernar es cambiar

· Bernardo Saravia Frías

La tecnología cambió el modo de hacer política electoral. El espacio virtual permite estirar el alcance de las promesas en el plano de lo imposible. Lo que no cambió un ápice es el acto de gobernar, que se puede sintetizar en una frase: 10 por ciento son las ideas, 90 por ciento su implementación. Justo al revés de los tiempos de campaña.

El contraste entre promesas virtuales y actos de gobierno reales, produce efectos paradojales. Profundiza la línea argumental que hay una vieja política que impide que las cosas pasen; exacerba odios y resentimientos, grietas. Pero hay algo que no puede resolver: entre tanta logorrea, sigue pasando el tiempo y las promesas siguen siendo promesas.

Transformar la política exige cortar el nudo gordiano de esa paradoja. En el caso argentino, se trata de salir de la falsa disyuntiva entre Estado abundante contra Estado que tiende a lo inexistente. Eso es viejo, viejo con ganas. Tanto, que por ejemplo los alemanes lo resolvieron después de la segunda guerra de la mano de un liberalismo actualizado, con la frase atribuida a Brandt: “Tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario”.

Vamos a lo concreto. Uno de los mayores desafíos del país es el desempleo. Las cifras son engañosas: 9% no expresa las penurias del cuentapropismo y la informalidad, el universo en el que se ha refugiado gran parte de la población económicamente activa. Hasta acá, el máximo ensayo son unos pocos artículos de la “ley bases”, que tardó seis meses en convertirse en norma y sigue esperando su reglamentación.

Hay por lo menos dos formas de intentar cambios. El primero remite a un fallo de la Corte de California, que declaró constitucional lo que se llamó la “Proposición 22”, una medida tomada luego de una consulta popular que permitió encuadrar a los que presten servicios en los que se llama la “economía gig”, fuera de las normas laborales tradicionales. Se trata de aquellos que trabajan a demanda, a través de una plataforma; los cuentapropistas de los tiempos digitales. Aún en contra de los sindicatos y hasta de las dudas del propio gobierno, fue una consulta a la gente la que terminó imponiendo un nuevo modelo laboral.

Esto lleva a la segunda vía. Es contradictorio lo que está pasando con la morfología del Estado Nacional: de un lado crece y mucho; basta ver los servicios de inteligencia, con presupuestos millonarios. Del otro se retrae, como se puede ver en cultura o investigación y desarrollo; una tendencia a cortar, a achicarse, con normas que se centran en esa discusión arcaica entre Estado sí, Estado no. Ante esto, el federalismo tiene una oportunidad de oro.

La Constitución prevé los tratados interprovinciales, para una amplia gama de materias. Es cierto que no pueden superar competencias delegadas al Estado Nacional, pero ¿por qué no pensar en acciones como la Proposición 22, pero al nivel de gobiernos provinciales bajo el formato de un tratado que del marco que permita el desarrollo a la vez que alienta el empleo?

Las leyes son para crear, no solo para sacar “hojarasca”. Ni Estado chico ni grande; Estado inteligente, que crea marcos jurídicos para el desarrollo. Saliendo de falsas disyuntivas es la forma. Gobernando cuando hay que gobernar y vociferando, pero más que nada en tiempos de campaña…

El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.