SARAVIA FRIAS

La Discordia

· Bernardo Saravia Frías

Es sorprendente que en un país en el que el estado de crisis es la regla y la normalidad la excepción, el análisis se centre preeminentemente en la faz económica. Seguimos el dictum clintoniano (es la “economía estúpido”) y perdemos de vista la faz política, el germen de toda crisis, la que marca el ritmo de su desarrollo y las características de su final.

La vicepresidencia, como cargo, es una anomalía y tiene algo de perversidad. Puede cumplir una función electoral, pero a la hora del funcionamiento y en pleno ejercicio del poder, se trata de un cargo al acecho, de alguien que está a la espera de la vacancia. A pesar de que se lo elige para acompañar, abriga la esperanza de protagonizar. De allí la frase de Yrigoyen, “la fórmula tiene que ser solidaria”.

Desacuerdos entre presidentes y vices que confirman esa tensión sobran en nuestra historia. Lo que no se dio es un esquema de “autoridad condicionada” formal y material: cuando quién debe encarnarla es elegido por algo que nada tiene que ver con sus méritos o por su personalidad (i.e. un golpe de twitt). Es una autoridad herida en su génesis; un caso de transmisión anómala, más que de creación de autoridad, porque su existencia presupone otra, de la que depende.

Vale la pena leer a Alexandre Kojève, filósofo y jurista de la posguerra, que estudió como nadie la noción de autoridad y desarrolló el concepto. Este y no otro es el nudo gordiano de la crisis en la que estamos inmersos. La inflación, la deuda cuasifiscal, y el desorden económico general, son consecuencias o problemas que se agudizan a partir de este pecado de origen que lo condena todo al fracaso.

Si no se resuelve este intríngulis no es difícil advertir que, por más que haya treguas, no serán más que bocanadas de aire temporales que preceden un desenlace cantado. Normalizamos actos plenos de anormalidad: un gobierno con dos direcciones diametralmente opuestas, que dirimen sus diferencias con filípicas y catilinarias como si el ejercicio del poder fuera un acto de asamblea estudiantil permanente.

Las lecciones son muchas, sobre todo para los que tropezaron una y otra vez con la creación de fórmulas presidenciales poco armónicas, desde 2003 hasta acá. También para los que se dejan engañar por alquimias proselitistas: algo saldrá de un poco de mesura y otro poco de desmesura. Pero el desafío a esta altura es más que nada institucional; más precisamente, de quiénes ocupan temporalmente las instituciones, que deben pensar un poco más allá de sus narices y en el futuro de los miles que están atrapados en sus reyertas.

Fácil prever lo que viene: en lo único que están de acuerdo las visiones bifrontes en el poder, es en el aumento de impuestos. Por lo pronto, el agro y la minería (litio, con anuncios recientes millonarios). Asfixia a nuestro futuro para evitar ajustar intereses propios y justificar más dispendio. La esperanza ante tanto desequilibrio está cifrada en el federalismo y la oposición.

El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.