SARAVIA FRIAS

Los Bacon

· Bernardo Saravia Frías

Mucho más que Maquiavelo, Francis Bacon es el epítome de las ciencias políticas, porque a diferencia del florentino, reflexionó sobre cómo gobernar y no tanto sobre cómo conquistar el poder o mantenerlo. Sutil pero gran diferencia que lo llevó a condensar su doctrina en términos fisiológicos muy simples: se trata del estómago y la cabeza. Nunca puede haber hambre; tampoco las consideraciones de la gente pueden ser muy negativas. La razón, todavía más concreta: ante el hambre y la desconsideración, sobreviene la revuelta, que es el peor enemigo de cualquier gobierno.

Bueno recordar a Bacon en tiempos de reflexiones apresuradas, donde priman las estadísticas acomodadas, las expresiones de deseo y opiniones aventuradas que tienen la garantía de la memoria corta. El dictum del inglés sigue incólume y, si se lo considera con atención, permite trazar un cuadro claro para los resultados de las elecciones del domingo. Non verba, sed facta (no son palabras, son hechos).

Siglos después, otro Francis Bacon dejó sus enseñanzas, pero en la pintura. Llevó a los límites la estética, con figuras que se deforman ante los espejos, atravesados por fuerzas invisibles que reveló en el lienzo. Ante el pesimismo que invade a muchos sobre lo que viene, es bueno pensar la política desde el punto de vista del pintor, y qué pintor. Es la primera vez en mucho tiempo que las fuerzas invisibles que atravesaron la política argentina por decenios quedan en evidencia. La tangente como salida, el maniqueísmo como opinión, el desapego a las reglas como regla. Todo lo que nos ha llevado una y otra vez, ante cada crisis, a sentar las bases para la siguiente, de modo recurrente.

¿Cómo se alinean todas las energías que se han liberado y van a quedar en evidencia el lunes? Instituciones es la respuesta. Estado de derecho. Un gobierno que deberá aceptar el voto pero sobre todo descifrar lo que dice el voto, recordando al primer Bacon. Y una oposición que deberá hacer lo propio desde su lugar, con potencia de ser gobierno pero desde su lugar, identificando con el segundo Bacon lo que nos trajo hasta acá y lo que nos puede llevar a otro lado, conteniendo los extremos. Como dijo alguien que nos conocía mucho: “argentinos, a las cosas” (Ortega).

El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.