Más estático que estatista
· Bernardo Saravia Frías
En un ambiente marcado por la volatilidad política y económica, pronosticar los eventos es el acto de mayor centralidad para la toma de decisiones. Y es también el más difícil. Exige la búsqueda de causas que fundan una crisis, y de catalizadores, que son los que la pueden acelerar o re encauzar. A la mirada retrospectiva, sumarle una proyectiva, que permita encuadrar el proceso decisional.
Debajo de la superficie de lugares comunes, la causa principal del estado de incertidumbre dominante es la pésima disposición de un concepto básico para el ejercicio del poder gubernamental: la burocracia. No entendida desde el análisis economicista (gasto público) sino bien sociológico (Weber).
La extraña coalición de gobierno ejecutó desde el inicio de su gestión un loteo de la burocracia estatal. Repartija de áreas de acuerdo a necesidades, más que intereses. Pero lo llamativo fue lo que ocurrió complementariamente: al primer reparto sucedió uno adicional, que permitió establecer una suerte de (des) control desde las segundas líneas por los no beneficiarios de las primeras.
He aquí la madre del cordero: no es un gobierno que procastina sino algo peor, uno que no puede tomar decisiones, atrapado en un mecanismo de lógica perversa. Decía el ex presidente brasileño F.H. Cardoso que en el sector privado una decisión es exitosa si se ejecuta en 90% del tiempo previsto; en el sector público lo es, si ocurre en un 160%, y generalmente no en su integridad. Eso es lo previsible. Pero el caso actual sale de los cánones. El esquema directamente impide que se ejecuten las decisiones. Está diseñado para el bloqueo, más que la procastinación, a través de espacios atrofiados por una dialéctica de un no inmovilizante.
El segundo son los planes sociales desde un doble análisis; por empezar, no aumento de su número; por seguir, su disminución. Como con las tarifas, la tensión sin salida va tomando forma, pero a un nivel que excede los despachos públicos, para instalarse en la calle, el peor escenario por nuestro pasado y simetrías con el mundo (basta ver Perú y más lejos Sri Lanka).
Muchos dieron por sentado que la firma del acuerdo con el FMI era un gran avance, con rasgos de reconfiguración. No contaron con que la dinámica política (del propio gobierno) podía continuar por otros medios: el rechazo de los papeles y la calle. El problema es todo lo que está en juego en un ambiente de fin de ciclo.
El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.