SARAVIA FRIAS

Por una revolución en serio

· Bernardo Saravia Frías

El proyecto de Ley de Bases es una oportunidad perdida. Tiene dos enormes ventajas para el gobierno, pero no deja de ser una oportunidad perdida. Con la delegación de facultades legislativas logra margen de maniobra para saltear los límites de su fragilidad parlamentaria. Y con el blanqueo, una fuente de financiamiento para las reservas, que le permitan avanzar en el ansiado levantamiento del cepo para normalizar la economía. Pero eso es coyuntural, no estructural.

Un gobierno que propone una revolución liberal debiera poner el foco de su atención institucional en un nuevo ecosistema jurídico para el sector privado. El proyecto de ley de bases propone, en este sentido, dos respuestas esencialmente frágiles: moratoria laboral e impositiva más un blanqueo, de un lado; del otro, una repetición de soluciones de la década del noventa del siglo pasado, que pueden haber funcionado bien hace mucho tiempo, cuando el mundo y la Argentina eran otros.

Si se presta atención, el corazón argumental de la propuesta de ley es más de lo mismo que se viene haciendo desde hace años, atacando el efecto y no la causa: perdón estatal por violar un marco jurídico de difícil o imposible cumplimiento. Porque eso y no otra cosa son las normas impositivas y laborales, el famoso “costo argentino”. No tiene mucho sentido mantener el mismo régimen para otorgar cada dos o cuatro años una y otra vez el mismo perdón. Casi que es una invitación a incumplir, sabiendo que un plazo se va a terminar pagando con descuento y cómodas cuotas. Un absurdo.

A esta altura es un secreto a voces que habría que modificar radicalmente todo el marco jurídico. Crear un compendio normativo para la inversión privada sería una verdadera revolución liberal impulsada por una norma, en la que valdría la pena gastar todo el capital político y más.

En el caso de los impuestos, con una simplificación en la estructura impositiva y en las alícuotas. Hoy es tan anacrónico el sistema que con una recaudación que cayó 15% en términos reales, los impuestos que importan a los fines recaudatorios son los más distorsivos y dañinos para el comercio exterior: las retenciones y el “país”. Desde ya que todo parece fácil y no lo es tanto, especialmente cuando está la discusión por la coparticipación de por medio, e intereses tan oscuros como los que acaban de quedar en evidencia con de la actividad tabacalera. Pero, a fin de cuentas, una revolución no son palabras altisonantes y soeces, sino cambios tan profundos que terminan con un status quo y dan nacimiento a uno nuevo.

Lo laboral es tanto o peor. De nuevo, intereses y más intereses que termina cortando las alas al desarrollo de la actividad privada. En el derecho colectivo los convenios por empresas. En el derecho individual, reformas que no se limiten a lo cosmético, que simplifiquen las opciones y las condiciones para contratar más y mejor. Más que recortar gastos en educación pública, habría que dar forma a un marco laboral que haga fácil la vida a empresarios y trabajadores que por miles están en la informalidad.

El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.