Regionalizando la ingravidez del poder
· Bernardo Saravia Frías
Izquierda y derecha son los dos puntos de vista por antonomasia de la política. Nacen por accidente en la asamblea constituyente francesa de 1789, cuando la revolución era un hecho: a la izquierda se sentaron los jacobinos, que veían en el cambio de sistema la única salida; a la derecha los girondinos, que pretendían una intermedia, con una monarquía parlamentaria. Desde entonces ambas han hecho su aporte, cada una con su perspectiva, pero dentro de los límites.
El problema que plantean los populismos es su nihilismo. No son ni izquierda ni derecha, no son nada; mejor dicho, un electrón loco que puede ser cualquier cosa. Sólo los define su desprecio por los tres pilares republicanos: publicidad, control y responsabilidad; la base del sistema, digamos. Es por eso que en la versión de los últimos 20 años, se repiten sus obsesiones: justicia y medios, esencialmente; pan y circo (fútbol gratis) y el repudio a sus sospechosos de siempre: el mercado que se llevó los dólares y el FMI. El law fare es la única originalidad, hilarante.
En un mar de mediocridad gubernativa, lo peor que puede hacer la oposición es seguir esa inercia. La razón es acuciante: una opinión pública en estado de disponibilidad, puede terminar saliendo por cualquier tangente. Ese es el mayor daño que causa a las instituciones una administración de la nada, que hace nada: el hartazgo es caldo de cultivo para las peores soluciones. El mejor de los mundos no es aquel que repite sino el que tiene capacidad de creatividad. Ese es el deber y el rol opositor.
La respuesta institucional al desafío, como siempre, es la Constitución. El federalismo es una idea irrealizada por un sinfín de razones, a la que se le puede dar nuevo ritmo y eficacia desde el concepto constitucional de región. Nuestras regiones preceden a la Nación y a las Provincias, desde los tiempos virreinales: Cuyo, Litoral, Salta del Tucumán, Córdoba del Tucumán. En su momento generaron oportunidades, mercados y una potencia inaudita, a pesar del contexto político inestable.
Nuestra historia de los últimos 70 años ha sido una de contrarrestar dinamismos, de forzarlos para convertirlos en problema. No nos podemos dar el lujo de chapucear dos años más. El papel opositor trasciende el de limitar y deviene en preparar futuro. Decidir no es querer hacer el movimiento, sino hacerlo, innovando dentro del sistema. Las regiones son una oportunidad práctica ante la ingravidez del poder central.
El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.