Sin crédito y sin nada
· Bernardo Saravia Frías
Hay etimologías reveladoras. Crédito viene del latín credere, que significa creer, tener confianza. El insumo básico de la actividad política y la materia prima sin la cual, ningún gobierno puede cumplir con su propósito de transformar la realidad para mejorarla.
El gobierno argentino no tiene crédito. Para los que pretenden que política y economía son compartimentos estancos, es un constante tropezar con la misma piedra: todas las medidas que se adoptan son efímeras porque no propenden a recrear ese bien crucial y escaso.
No llama la atención, inmersos como estamos en un tiempo de decadencia. Venimos de casi dos décadas de un modelo político paupérrimo, que se limita a rentas extraordinarias dilapidadas (no quedó absolutamente nada, salvo las sospechas de lo peor que se confirman en la justicia); y una institucionalidad de pacotilla, basada en la multiplicación de derechos hasta el absurdo, y no en el reforzamiento del sistema.
Llegamos al límite. Y viene lo peor, porque en el extremo de la decadencia aparece el terror como eje de la gobernabilidad; en la debilidad se desnuda el poder y se exhibe en estado puro, cínico y obsceno. Eso y no otra cosa es el acuerdo de intercambio de información que se acaba de anunciar para sancionar argentinos que habrían eludido obligaciones impositivas.
El acuerdo se firma en el marco de FATCA (Foreing Account Tax Compliance Act), una ley americana que fomenta el cumplimiento de obligaciones impositivas por bienes no declarados de sus ciudadanos. La norma apunta a bancos extranjeros con punto de contacto en USA, para que provean cierta (no cualquier) información. Se requiere como principio el consentimiento previo del titular de las cuentas o activos. La sanción a los bancos es la retención de hasta el 30% de su ingreso de fuente americana.
Los acuerdos de cooperación no entregan cualquier información y menos de cualquiera, sino que reglan un procedimiento detallado con respeto básico a la confidencialidad y el estado de derecho, que requiere una adaptación de la normativa de los países que son contraparte. No hay tal cosa como listados de información que van y vienen alegremente.
Fácil caer en la cuenta que estamos ante una explosión de fuegos de artificio, que se explica mejor con la fábula de Esopo del pastorcillo mentiroso. Por eso es la opacidad, esa que le gusta esconder, este acuerdo y todos los comprometedores, como los de compra de vacunas tan sospechados. La mentira es fecunda, pero tiene un límite, que son sus patas cortas. Sin verdad no hay crédito, sin crédito no hay institucionalidad, sin institucionalidad no hay futuro.
El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.