El litio: del realismo mágico al realismo puro
· Bernardo Saravia Frías
La estulticia suele ser inofensiva: las ideas locas que produce derivan en el absurdo que conduce a ningún lado. El problema es cuando se instala en el pináculo del poder. Es allí cuando lo hilarante pasa del dicho al hecho, desafiando desde la gravedad a la lógica más elemental. La Argentina, del realismo mágico al realismo puro: avanzan alegremente en el Congreso de la Nación, proyectos de ley para estatizar la actividad del litio, que son impulsados con el argumento etéreo de la “soberanía del litio”.
El timing no puede ser más desafortunado: el alza del precio de los productos mineros en el mundo es notable y sostenida. Hay un doble motivo: el rebote (afuera, desde luego) ya es un hecho ante un escenario post covid plausible; se le suma el compromiso hacia la descarbonización en 2050. Ambos requieren de la minería; especialmente la nueva infraestructura de la economía limpia y menos contaminante que se avecina. Es tan concreto, que se refleja en la inversión creciente en capital de la industria en los últimos meses, y los cuellos de botella de la oferta de sus productos ante la demanda en alza.
Lo de Argentina es paradojal ante el nuevo escenario: tiene todo y no tiene nada. La cordillera disponible (Chile, al lado, es el espejo invertido) con leyes que limitan y prohíben la actividad en gran parte de su extensión. Inversores ávidos (y acostumbrados al riesgo) pero el marco elemental que es la seguridad jurídica en estado sísmico constante ante una verborrea incontinente.
El litio es una excepción al intríngulis imposible: su explotación no es extractiva por lo que está exenta de la discusión ambiental. Tenemos una de las extensiones de salares más grandes del mundo en el norte (Salta, Jujuy y Catamarca) con bajos costos de producción y un record de demanda mundial: desde autos eléctricos hasta teléfonos celulares, que requieren del mineral.
No hay duda que los recursos naturales tienen que ser explotados bajo un estricto criterio de equidad (especialmente para las comunidades locales) y respeto al medio ambiente. Eso exige un Estado activo y presente, velando por su cumplimiento. De allí a creer que vamos a salir de la trifecta caída autoinfligida de más de 10 puntos del PBI + 50% de inflación + la negligencia de más de 80.000 muertos (¡en un año!), nacionalizando, hay una distancia grande, demasiado grande. La estulticia lamentablemente tiene un solo destino asegurado: la pobreza.
El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.