Necrofilia de ideas; sus costos y desafíos
· Bernardo Saravia Frías
A diferencia de crisis pasadas, ésta tiene un factor distintivo: no fue provocada por una disrupción económica sino por una natural. Ese dato es central para entender sus contornos y desafíos, incluyendo la recuperación que en varios países ya está en marcha.
Desde el empirismo más radical, se podría definir el plan para resolverla con tres acciones secuenciales: en el corto plazo, medidas de gobierno que mantuvieran por un período la estructura de la economía viva sin actividad; en el mediano plazo, vacunas y un esquema de vacunación eficaz; en el largo plazo, condiciones para una recuperación sostenida. Ni más ni menos.
Todo plan tiene asidero en un sistema de ideas que se expresa en un discurso. Si se mira el resto del mundo, cambia el grado, pero no la sustancia; son semblantes distintos de una sola mirada.
Argentina tiene problemas, muchos problemas. Por empezar incumplió las dos primeras fases del plan: destruyó la economía (10% de caída del PBI) e hizo caso omiso de un sistema de vacunación eficaz (casi 80.000 muertos). Por continuar, está haciendo todo lo posible para que no haya condiciones que nos permitan ser parte de un rebote económico mundial: dos defaults de deuda soberana en menos de un año (vedando cualquier perspectiva de financiamiento) y restricciones incomprensibles para exportar (ante un boom histórico del precio de nuestras producciones), dos pinceladas de un cuadro de yerros graves y sucesivos.
Vale la pena preguntarse porqué. No un porqué superficial, sino un porqué profundo, un porqué que ahonde y permita entender nuestro presente y lo que nos espera. La respuesta: ausencia de estado de derecho. Es decir, aquello que desde el respeto a la ley anuda lo político, lo institucional y lo económico. Claro, es un concepto de orden liberal que tiene por propósito potenciar las libertades individuales y limitar al Estado, y que es extraño a una ideología que pasó del dicho al hecho en los últimos meses, aceleradamente.
No es muy difícil entrever hacia dónde vamos, aceleradamente, ni las consecuencias. Queda bregar activamente (ya no sólo confiar) por lo poco que queda de nuestro sistema institucional. Con la Constitución en la mano y una férrea defensa de la libertad que tanto nos costó conseguir como argentinos.
El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.