Ser opositor
· Bernardo Saravia Frías
Tal vez la historia no se repite idéntica, pero si presenta inicuas simetrías que enseñan. Y enseñan mucho. Por eso es que Cicerón la llamaba “magister vitae” (maestra de la vida), por oposición al Macbeth de Shakespeare, que la entendía, desde la ignavia y la incomprensión, como un cuento de un loco para un idiota.
El contexto político en Argentina es excepcional por donde se lo mire: como pocas veces la oposición es una coalición de partidos. Varias miradas que se deben armonizar en exceso a los contornos que impone una organización partidaria. Lo mismo pasa en el gobierno, aunque vemos ahí algo extraordinario por sobre lo extraordinario: es un mismo partido que parece una coalición, con un presidente que parece vice y una vice que parece presidente. Nada es allí lo que es y todo lo que parece.
Ese dato es central para entender las tensiones en la dinámica política. El voto en Diputados por la refinanciación del FMI las evidenció al extremo. Y hay que destacar que la oposición cumplió con creces su rol de lealtad: al sistema y a la institucionalidad. Controló, que es su principal función; y responsablemente consideró el turno, el reverso de la moneda, que es prepararse para gobernar. Todo eso, a pesar de que el gobierno hizo de todo (y más) para obstruir(se) el objetivo de lograr la aprobación legislativa.
Pero es tan sólo un primer paso y apenas el inicio de un desafío mayúsculo para el conglomerado opositor. Y si hay un partido que tiene algo para aportar y por eso mismo una enorme responsabilidad, es la centenaria Unión Cívica Radical. Por tres razones: tiene probada democracia interna; está organizada en cada pueblo del país y, lo más importante, por su larga historia, es un factor de estabilidad institucional y un canal insustituible de pacíficas transferencias de valores políticos.
Ni halcones ni palomas. Como dijo uno de sus grandes líderes (Ricardo Balbín), sin que nadie deponga lo suyo, hay que llegar a un compromiso de coincidencias mínimas, nunca máximas. Ser opositor no es entregarlo todo y menos ser cómplices de los regímenes conservadores de otro o este tiempo (salvando distancias de honorabilidad y preparación). Se trata de ser distinto, especialmente ante valores como la república y la libertad. Tan banales para algunos, tan concretos y fundamentales para otros. Ojalá que el radicalismo nos enseñe y no que repita tristemente la historia.
El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.