SARAVIA FRIAS

Un excel descontrolado

· Bernardo Saravia Frías

Hay normas que se dictan sin mayores anuncios pero tienen un indefectible destino de protagonismo. Esa es la razón que justifica leer a diario (y con atención) algo tan tedioso como el Boletín Oficial: permite identificar disposiciones que nacen en el plano de lo subrepticio pero terminan reglando aspectos sustanciales de nuestra vida material.

Es el caso de la Resolución 237 de la Secretaría de Comercio, publicada esta madrugada. Una norma de menor rango, presentada casi a hurtadillas, que entromete una dependencia estatal en la vida cotidiana de los comercios e industrias argentinas, con ánimo de cambiar profundamente la dinámica de mercado (a no olvidar, asegurada en el artículo 42 de nuestra Constitución Nacional).

Los justificativos son vagos, salvo uno: sus comportamientos (por las empresas) “resultan una amenaza efectiva para la progresiva recuperación económica que se ha emprendido” (sic). Lo que ordena es desproporcionado y preocupante: todas aquellas con una facturación mayor a montos escondidos en un anexo, deben informar datos sensibles de su actividad, especialmente ventas totales y precios, además de stock, producción. Cada mes, cargándola en un sistema (SIPRE, son las siglas, sugerentes) administrado por la Secretaria de Comercio, que compromete su confidencialidad.

El objetivo final está diafanamente expresado en los considerandos: “implementar políticas de desarrollo y reactivación productiva y, a la vez, investigar y prevenir las conductas infraccionales”; lo que importa, sin duda, es la segunda parte. Abundan las palabras respecto de lo que es cantado.

Alguien observó que si Excel hubiera existido en tiempos del comunismo del Siglo XX, el muro de Berlín estaría aún en pie; todo se habría debido a la falta de un sistema operativo para procesar la información. Una reducción al absurdo que no contempla las debilidades de un sistema de pensamiento que tuvo como mérito un diágnóstico, pero no conformó una alternativa ni social ni económica. Los resultados quedaron a la vista, y fueron los que provocaron su implosión, en medio de pobreza, autoritarismo y sufrimiento.

Aún ante la contundencia de los hechos y la historia, hay algunos pertinaces que se aferran a la definición de Shakespeare (la historia es un cuento de un loco contado para idiotas). Eso es lo que pretende esta resolución con aspecto de inocente: reemplazar el funcionamiento del mercado con un Excel. Filosóficamente es una mezcla de panóptico de Bentham con “enunciados performativos”: un ojo que todo lo ve y lo controla, y el propósito absurdo de transformar la realidad a través de palabras.

El resultado es previsible, tanto como los esperables planteos en la justicia, y desnuda una tergiversación institucional muy preocupante. El control es uno de los ejes centrales de un sistema republicano de gobierno; es por eso que las agencias que lo ejercen deben ser independientes. De la mano de esta Resolución y de organismos de control politizados, se va gestando un concepto nuevo: lo que importa no es el control al poder, sino desde el poder. Quis custodiet ipsos custodes? (¿quién custodia a quien custodia?), se preguntaron los romanos y no lo supieron responder. La pregunta sigue abierta y renace en nuestro país con más fuerza que nunca.

El presente se remite para uso exclusivo del receptor; no podrá ser distribuido a ningún tercero sin la autorización previa y expresa de Saravia Frías.